Si alguna vez te has preguntado qué ocurre dentro de una de nuestras colmenas, prepárate para quedarte con la boca abierta. Una colmena no es solo una caja de madera llena de abejas: es una ciudad viva, organizada con una precisión que haría envidiar a cualquier ingeniero.
La reina, el corazón de la colmena
En el centro de todo está la reina. Solo hay una por colmena, y su único trabajo es poner huevos: hasta 2.000 al día en temporada alta. Sin ella, la colmena no tiene futuro. Nosotros, como apicultores de tercera generación, sabemos reconocer una reina sana a simple vista: es más larga que las demás, se mueve con calma y siempre está rodeada de su corte de obreras que la alimentan y cuidan.
Las obreras, el motor de todo
Las abejas obreras son hembras que nunca se reproducen, pero hacen absolutamente todo lo demás. Cuando son jóvenes, limpian las celdas y cuidan a las larvas. Más adelante producen cera y construyen los panales. Y cuando ya son mayores, salen a libar flores por toda la sierra, recorriendo hasta 3 kilómetros en busca del mejor néctar.
En nuestras colmenas, estas pequeñas guerreras visitan las flores del tomillo, el romero, la lavanda y los jaros que crecen libres por nuestra sierra. Ese es el secreto del sabor único de nuestra miel.
El proceso de la miel, un milagro natural
Cuando una obrera regresa a la colmena con el néctar, lo pasa a otra abeja, que lo pasa a otra, y así sucesivamente. Durante este proceso, el néctar se va transformando: pierden agua, se añaden enzimas y poco a poco se convierte en miel. Cuando está lista, las abejas sellan la celda con una fina capa de cera. Esa es la señal que nosotros esperamos para saber que la miel está madura y lista para cosechar.
En Sierras del Sur nunca forzamos este proceso. Esperamos el tiempo que haga falta, porque sabemos que la paciencia es el ingrediente más importante de una buena miel.
"Tres generaciones mirando al cielo para saber cuándo vuelan las abejas. Eso no se aprende en ningún libro."
La próxima vez que abras un tarro de nuestra miel, piensa en los millones de vuelos, en las miles de flores visitadas y en el trabajo silencioso de toda una colmena. Cada cucharada lleva dentro toda la magia de la Sierra del Sur.